domingo, 20 de enero de 2013

Diversidad de actores sociales en la Insurrección de 1932 en El Salvador



MUJERES, INDIGENAS, MULAT*S, CAMPESIN*S, OBRER*S, ESTUDIANTES, ARTESAN*S, PROTAGONISTAS DE LA INSURRECION DE ENERO DE 1932 EN EL SALVADOR

La versión oficial sobre los acontecimientos de 1932, marcados por una insurrección ante la grave situación de hambre, desempleo en las zonas de corte de café y de explotación y expropiación de la tierra a fines de 1880,  previa a estos hechos; fue que un grupo de comunistas insurrectos manipularon a masas ignorantes en contra del régimen dirigido por el presidente golpista Maximiliano Hernández Martínez.

Los hechos precisados por historiadores acuciosos nos demuestran que en los acontecimientos previos a 1932 y al momento de la insurrección participaron una multiplicidad de actores sociales en un movimiento social sin precedentes desarrollado por el Socorro Rojo Internacional, la Federación Regional de Trabajadores, la Unión de Obrera Salvadoreña, la Asociación General de Estudiantes Universitarios –AGEUS-, los pequeños artesanos e industriales entre otros, influenciados por el Partido Comunista. Así lo expresa Paul Almeida en su libro Olas de Movilización popular 1925-2010. Entonces se movilizaron indígenas, campesinos y campesinas, jornaleros y jornaleras, obreros y artesanos, así como mulatos y mulatas trabajadores en las fincas de café, que se habían organizado por razones económicas frente a la explotación y posterior desempleo, a raíz de la crisis de 1929 en los Estados Unidos. Crisis que repercutió en la exportación de café en El Salvador.

Como pioneras de este movimiento social se encuentran las mujeres, con “La marcha pacífica de seis mil mujeres, quienes en 1922, desfilaron vestidas de negro en signo de luto por la muerte de la democracia y en apoyo al candidato presidencial Miguel Tomás Molina, siendo presidente Jorge Meléndez. Al ser ametralladas, cientos de ellas se lanzaron enfurecidas sobre el regimiento de infantería”, nos expresa María Candelaria Navas, académica Universitaria.

Jeffrey L. Gould, en su investigación “1932, rebelión en la oscuridad”, nos ilumina sobre la diversidad de actores que se involucraron en estos hechos. Así, en la toma de Nahuizalco “llegaron de Turín y Atiquizaya, distinguibles como “mulatos” (en ambos casos como ladinos y como gente con características fenotípicamente mulatas”.

Otros actores invisibilizados fueron los indígenas.  Gould apunta que: “Los indígenas del barrio de Asunción de Izalco y los campesinos de identidades más fluidas participaron en el ataque fallido al cuartel de Sonsonate” y que “un gran número de campesinos indígenas de los cantones de Nahuizalco y campesinos indígenas de los cantones de Juayúa. Se unieron a las fuerzas que ocuparon sus pueblos”. Feliciano Ama,  líder indígena de Izalco,  fue uno de los dirigentes de la insurrección.

La represión desatada posteriormente al 22 de Enero de 1932, fue tal que casi desaparece el nahuat, uno de los idiomas indígenas, y muchas personas indígenas dejaron de usar su vestimenta, cambiaron sus nombres y apellidos y se asumieron como población ladina o mestiza.

Indígenas, y pobladores, el campesinado organizado a fines de los años 20, realizaban sus reuniones donde se promovía el mensaje de la igualdad social.  “Las reuniones abiertas en los pueblos y en la ciudades exhibían un ambiente aún más festivo que a menudo encubría y quizá realzaba su propósito serio”, apunta Gould. “típicamente asistían de 60 a 100 hombres y mujeres” puntualiza. Estaban también las “Cofradías” que encubrían los propósitos políticos de la organización.

Anteriormente a 1932, las mujeres participaban en las huelgas y paros de las fincas de café. Más de 400 mujeres participaron en la huelga por 8 horas de trabajo en la región occidental del país. En los años 20’s. Algunas de estas mujeres liderararon la insurrección en esa zona, y fueron llamadas “comandantes rojas”. Desafortunadamente, como han señalado algunas personas, los nombres de las mujeres involucradas en estos acontecimientos, no son conocidos hasta ahora.

La variedad de actores sociales en estos hechos se contrapone a la manipulación de los mismos hecho de  parte del Martinato, que le  permitió aunar en un espíritu racista, anticomunista y clasista al gobierno dictatorial, la clase media y a la intelectualidad salvadoreña. Según lo expone Rafael Lara Martínez en sus ensayos. La historia se ha encargado de demostrar la multiplicidad de intereses, clases, etnias, géneros y propuestas que existen en nuestro pequeño y luchador país .Y en esas luchas es necesario visibilizar a las mujeres con sus nombres como protagonistas frente a un pensamiento único basado en la misoginia, el racismo y el clasismo.


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